Sobre: Descubre quién fue Consuelo y qué son las Escuelas de María
¿Quién es Consuelo?
Consuelo es un pseudónimo; su verdadero nombre fue María de la Luz. Casada, madre, abuela y ama de casa, poseía una profunda piedad, aunque con escasos estudios teológicos y bíblicos. Como instrumento de la Virgen, vivió una existencia oculta, entregada por completo a su hogar y a la misión divina que se le encomendó. Jesús le dio el nombre de «Consuelo» y le dijo: «Serás el consuelo de mi corazón, porque me consolarás por las ofensas que recibo de la humanidad».
La Virgen María le dijo: “Yo soy la Madre del amor y de la misericordia, que ha de llevaros ante el Señor. Por eso pido a todos los hombres que desde lo más íntimo del corazón alaben al Todopoderoso porque escogió a esta mujer de condición humana para llevar a cabo los designios providentes de Dios. Con esta, mi vida, que aquí se os brinda en el libro María Puerta del Cielo, abro a mis hijos una puerta a la esperanza, porque serán muchos los que volverán sus ojos a Dios y será el primer peldaño de una escalera. Y para que la gracia que derramo sobre este libro sea más patente, tú, siguiendo mis instrucciones, escribirás ésta vida en tres meses”.
Consuelo cumplió fielmente con las indicaciones y logró redactar la obra en un tiempo récord de tres meses. La denominó «el libro del milagro», pues, a pesar de carecer de conocimientos previos, se convirtió en una obra tan profunda como hermosa, con expresiones exquisitas, una sólida doctrina y una perfecta concordancia con la Sagrada Escritura en cada página.
Además, dejó una gran cantidad de escritos y conferencias, impartidas en diversos países de Europa y América. Fue la fundadora de las Escuelas de María, un movimiento mariano que se ha expandido a lo largo de varios países.
En total escribió catorce libros, algunos de los cuales han sido traducidos a varios idiomas. Estos son:
“María Puerta del Cielo”, “María Estrella de la Evangelización” y “María Trono de la Sabiduría”. (Estos libros conforman la trilogía mariana, ya que es la Santísima Virgen María quien interviene.)
En los siguientes libros, el Señor Jesús también la instruye, y en algunos de ellos lo hace de forma exclusiva: “La Escuela de María”, “Maranathá”, “La Verdad Espada que Divide I”, “La Verdad Espada que Divide II”, “La Mensajera del Amor Divino”, “La Torre de Babel”, “La Gran Babilonia I”, “La Gran Babilonia II”, “El Celo por Tu Casa me devora”, “Pluma de Águila y Corazón de León” y “Vía Crucis”.
Jesús le dijo: “Tu corazón es como un libro en blanco, donde escribiré mis palabras y te transmitiré mi sabiduría”. Para ayudarla a comprender las Sagradas Escrituras, le concedió el don de la hermenéutica. Además, le anunció que contaría siempre con la guía y ayuda de San Ireneo de Lyon y Santa Catalina de Siena, grandes defensores de la pureza doctrinal, la tradición y la Iglesia.
Estos dones despertaron en su alma un profundo celo por la Verdad, la sana Doctrina, la santa Tradición y la Iglesia, por la cual ofreció su vida y padecimientos, tanto físicos como espirituales. El Señor le dijo: “Tú serás un puntal en mi Iglesia”. Al preguntarle qué significaba ser puntal, Él respondió: “Es un madero firmemente hincado que sostiene un edificio en riesgo de derrumbe”. De ahí la firmeza, claridad y defensa de la Doctrina y de la Iglesia presentes en sus escritos.
Además, dejó escritas la letra y la música de bellas canciones sacras, incluidas composiciones para la Celebración Eucarística. También escribió hermosos poemas, algunos de los cuales se encuentran en sus libros.
Consuelo vivió en la ciudad de Barcelona (España) y murió a la edad de noventa años.
¿Qué son las Escuelas de María?
La Escuela de María es una llamada a entrar en el misterio de la vida interior de Cristo de la mano de su Madre. Nace la madrugada del 29 de septiembre de 1987, cuando una joven alma de Barcelona escucha en la oración una invitación de Jesús: «Consuelo, entra en el Aula Santa; yo te instruiré y te enseñaré el camino que debes seguir» (cf. Sal 31,8). A partir de ese momento, se abre un itinerario espiritual donde el alma, como discípula, se deja conducir por la Virgen en un proceso de transformación interior.
No se trata de una escuela académica, sino de un espacio espiritual donde la enseñanza se transmite desde el corazón de María al corazón del discípulo. María, la que guardaba y meditaba todo en su corazón, enseña con su vida y con su presencia, introduciendo al alma en una relación viva y profunda con Jesucristo. Como Ella, quien es Maestra incomparable de vida interior, el discípulo es invitado a entrar en un camino de contemplación, silencio y oración, donde Cristo se convierte en centro y sentido de todo.
La Escuela de María propone un crecimiento en el amor a través del conocimiento interior. Es un camino que sigue una lógica sencilla y profunda: conocer para amar, amar para practicar, practicar para transformarse. Así lo vivieron los santos, y así lo expresa también esta experiencia: «Todo cuanto aprendí en esta Escuela no lo aprendí por teoría, sino por participación de la vida de Cristo. María, Virgen Dolorosa, me conducía y enseñaba con la dulzura y firmeza de una Madre. Ella me introdujo en la intimidad de Cristo».
Desde esta raíz, el alma va siendo formada según el Evangelio. La oración deja de ser solo una práctica para convertirse en comunión real: «Orar es amar y dejarse amar; es perderse para encontrarse en Él». Y poco a poco, como en la vida de la Virgen, todo gira en torno a una sola voluntad: la de Dios. Como dice uno de los textos fundacionales: «María me enseñó a vivir en la voluntad del Padre, a orar y actuar desde el silencio interior, a descubrir el valor del sufrimiento unido a la cruz de Cristo y a vivir como hija de la Iglesia».
La Escuela de María no es un movimiento, aunque de ella haya surgido uno. No es una comunidad, aunque muchos caminen unidos por este mismo itinerario. Es más bien una experiencia espiritual que, desde su sencillez y profundidad, se ofrece a toda persona que desee dejarse formar en la escuela del Corazón de María para configurarse con Cristo.
En palabras de quienes la viven: «Una escuela sin tiempo, sin muros, sin libros, sin explicaciones… Una escuela de vida interior, de transformación. Una escuela donde uno solo aprende si se deja instruir. Una escuela donde se camina en la fe y desde la fe. Una escuela de amor y de Verdad. Una escuela del Espíritu».
Quien entra en esta escuela no busca consuelos ni respuestas inmediatas. Busca a Cristo, y lo hace confiándose a la Madre, dejándose moldear por su silencio, su fe, su humildad y su abandono. Porque, como decía Consuelo, «Todo cuanto viví en la Escuela de María no lo aprendí por libros, sino por participación de la vida de Cristo en mí».
